CIUDAD DE MÉXICO, 15 de junio, (DE VAGOS / CÍRCULO DIGITAL).- “Franz Liszt estimaba y admiraba a FrédéricChopin, aunque este último era muy introvertido. Fueron dos espíritus que vivieron en el mismo tiempo, pero totalmente distintos en su expresión artística. En mi concierto quiero mostrar un breve panorama de compositores que hubo durante el romanticismo”.

 

Así lo explicó el pianista Édison Quintana, quien se presentará el viernes 16 de junio a las 19:00 en el Salón Morelos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, como parte de los conciertos organizados por la Coordinación Nacional de Música y Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes. La entrada será libre.

 

Quintana abordará a dos de los grandes exponentes de la época, quienes, a pesar de ser grandes amigos, fueron creadores en direcciones opuestas. “Nacieron con un año de diferencia, vivieron los mismos tiempos, pero, aunque Liszt se regodeaba dentro del romanticismo, a Chopin le resultaba incómodo, porque le parecía un caos”.

 

El concertista dijo que una diferencia determinante en el tratamiento de sus obras, es que Chopin no solía titular sus composiciones y Liszt sí. “Nombrar una obra es darle un guiño al público sobre cómo interpretarla, es decirle cuáles eran sus intenciones.

 

“De Chopin tocaré la polonesa más famosa, la Heroica. Es una obra que originalmente no tenía título, pero, con el tiempo, los editores y pianistas la nombraron así por el ánimo que les transmitía”, detalló.

 

En cambio, “Liszt, además de nombrar casi el noventa por ciento de su obra, estableció correspondencias literarias. De él tocaré elValle de Obermann, una obra que se toca muy poco, básicamente porque no ha tenido el favor de los pianistas, aunque es interesante y muy hermosa. Pertenece a la colección Años de peregrinaje, al apartado dedicado a su hija, y cuya correspondencia literaria fue el poeta, ahora casi desconocido, Étienne Pivert de Senancour”.

 

Como parte del recorrido sonoro que Quintana realizará, también tocará la sonataPatética de Ludwig van Beethoven. “Él fue la puerta de transición hacia el romanticismo y esta obra la considero abiertamente romántica, aunque el compositor seguramente no hubiera pensado así.

 

 “Como Chopin, Beethoven no tituló ninguna de sus sonatas, ni la Appassionata ni Claro de luna, más que esta. Es muy interesante cómo en la época del compositor, ‘patético’ tenía un significado distinto.

 

“Actualmente, entendemos que patético es alguien que da pena ajena; por ejemplo, un pianista tratando de tocar la Patética sin éxito. Pero el título de Beethoven retoma la raíz de la palabra: pathos, algo que genera una pasión angustiosa. La obra tiene una carga de sentimientos de angustia muy claros, sobre todo en el primer movimiento; el segundo y el tercero son más clásicos.

 

“Es una obra en tono menor. Se sabe que Beethoven siempre pensó en escribir un libro sobre la poética de las calamidades, nunca lo escribió, pero su intención fue determinante en obras como esta. Mientras el estilo mayor es más claro, más solemne, el menor es más introspectivo, más triste, y, en este caso, es más angustioso”, explicó el pianista.

 

Entre las veleidades creadas durante el romanticismo, Édison Quintana tocará también una paráfrasis del cuarteto del último acto de la ópera Rigoletto y un estudio de Liszt, La campanella, escrito en el impulso provocado por el asombro que sintió cuando escuchó el rondó que conforma la última parte del Concierto para violín núm. 2 en si menor del violinista del diablo, Niccoló Paganini.

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