A Balón Parado

*José Al

La rivalidad entre México y Alemania se ha convertido con el paso de los años en una situación atípica en el futbol: desde la década de los setentas y diferentes encuentros, tanto en Copas del Mundo como en Confederaciones, esta dupla ha cobrado fuerza y ha marcado una tendencia a favor de los futbolistas teutones.

El escenario no podía ser mejor para una revancha; el Zócalo de la Ciudad de México. Y sí. Este domingo, las generaciones de México 86′ y Francia 98′ tuvieron una nueva oportunidad de resarcir el recuerdo de ambas eliminaciones en Copas del Mundo. Una cancha de futbol siete y el ánimo de la gente que se dio cita, fue suficiente para revivir este encuentro.

El partido se dividió en dos. Los primeros 45 minutos, la generación del 86′ sucumbió por 1-3, con un doblete de Jürgen Klinsmann, además de otro tanto de Mathias Gerbert; por los de casa acercó Luis Flores. El once inicial de la generación de 1986 fue otro punto de recuerdo, cuando los Pumas de la UNAM eran la base de la selección mexicana, ya que estuvieron en el encuentro Miguel España, Manuel Negrete, Luis Flores y Raúl Servín. Hubiera sido bueno que estuviera Hugo Sánchez, pero esas ya son otras historias.

La revancha se consumó en el segundo compromiso, donde México, con Cuauhtémoc Blanco, Alberto García Aspe y Ramón Ramírez, quienes se hicieron cargo del juego ofensivo, lograron el triunfo por 2-0, con anotaciones de Luis García Postigo y el propio Ramón Ramírez. Este resultado forzó a una serie de penales para definir al campeón. Sin embargo, los capitanes Alberto García Aspe y Lothar Matthäus, decidieron que ambas selecciones se quedaran con la Copa Ciudad de México.

Cuando uno ve este tipo de encuentros, no cabe duda que vienen miles de recuerdos a la mente, como el gol anulado por razones desconocidas al “Abuelo” Cruz en el enfrentamiento de México 86’ en Monterrey, o la ocasión fallada por Luis Hernández en Montpellier en los octavos de final de Francia 98’, gol que pudo cambiar el signo del encuentro porque México tenía la ventaja sobre los teutones en ese momento.

Dicen que la melancolía tiene que ver con la tristeza, pero en esta ocasión no lo vería de ese modo, porque también es cierto que el recordar es vivir y depende de la forma en cómo toma uno el pasado. Este partido me dejó un excelente sabor de boca y ojalá se hicieran más encuentros de este tipo en el futuro, porque tal vez al recordar el pasado se podría trabajar de mejor manera en el futuro y evitar errores de antaño.

Hasta la próxima, que la pasen bien.