Hace 23 años el medio futbolístico negaba, persignándose, su existencia

–“Si supiera que existe, no lo diría”: Manuel Negrete, ex jugador de Pumas

–El caso de Rafael Márquez, punta del iceberg, confirmaría su práctica común

Por Jesús Yáñez Orozco

Ciudad de México, 16 de agosto (JESÚS YÁÑEZ OROZCO/ BALÓN CUADRADO / CÍRCULO DIGITAL).–Poco después de que la extraña venta del equipo Leones Negros de la Universidad de Guadalajara, con Raúl Padilla López en la rectoría, a un grupo de ex alumnos de esa casa de estudios –que, a la postre, resultaron prestanombres de narcotraficantes– provoco suspicacias en el gremio periodístico.

Una de las primeras notas sobre el tema, a finales de 1994, publicada en la página 56 del diario El Financiero, por quien eso escribe, luego del mundial de Estados Unidos. Viene a cuento, pues el Departamento del Tesoro estadounidense investiga al jugador Rafael Márquez Álvarez de lavar dinero para dos carteles de la droga: Sinaloa y Jalisco Nueva Generación.

Todos los encuestados, casi persignándose, negaron que el balón estuviera inflado con dosis de cocaína, heroína o mariguana.

“Si supiera que existe, no lo diría”, reconoció Manuel Negrete.

El click futbol-capos de la droga tiene una luenga cola, más larga que la de los Ratones Verdes Tullidos, conocidos con el eufemismo de Tri

Bajo el título: “Ningún dinero del narco en el futbol” y con un balazo, “quiebra de equipos, un ejemplo”, la nota de finales de 1994 expone:

La posibilidad de que en el futbol mexicano existiera lavado de dinero provocó risa nerviosa den un directivo; otro lo rechazó arguyendo que si lo hubiera, no habría quiebra de equipos en el gremio local; mientras que el dirigente del gremio de los futbolistas afirmó desconocer este fenómeno y, que de saberlo, “no lo diría”.

 Un ejemplo de fenómeno del tráfico de la droga en el futbol ocurre desde hace algunos años en Colombia, cuya participación en el mundial de 1994 fue un fracaso y su desarrollo obedece, en buena medida, a que a atrás de este deporte se hallan los carteles de Medellín y Cali.

Guadalajara, Jalisco, es una de las principales ciudades donde se realiza el lavado de dinero proveniente del narcotráfico.  Curiosamente en ella ocurrió, en junio de 1993, uno de los fenómenos más extraños de compraventa de un equipo de futbol profesional que se tenga memoria: Leones Negros de la Universidad de Guadalajara (UDG).

Un grupo de exalumnos de esa casa de estudios, encabezados por Alfonso González Ortega, adquirió la franquicia del equipo en 13 mil millones de nuevos pesos.  Pagó cuatro millones en efectivo –en realidad fueron dos, se supo después—y para cubrir los nueve –11– restantes dejó en garantía un documento –que avalaba un concentrado de metales preciosos valuado en 20 millones de dólares.   

El 14 de junio de ese año (publicó El Financiero), Jorge Sánchez Santana, quien fungía como presidente del equipo, aseguró que, para comprar éste, “no se habían empleado recursos mal habidos” ni se dedicaban al lavado de dinero –procedente del tráfico de drogas. Sin embargo, la duda persistió.

Según versiones (extraoficiales), con apoyo de Televisa, el grupo de exalumnos, al cabo de seis meses logró liquidar el adeudo con las autoridades de la UDG.

Después de haber conseguido “desconcentrar el concentrado e metales preciosos, el presidente del club, Alfonso Gonzáles Ortega, aseguró en marzo pasado que eran cifras considerables las que tenía en sus manos, producto de esa alquimia, que rehusaba dar a conocer, y que prefería que  UDG fuera el primer equipo sacrificado  para reducir los conjuntos de Primera División.

Explicó que el porcentaje que tenía Leones Negros era el peor –0.7553, que contrastó con el 1.1052 de la Universidad Autónoma de Guadalajara, actual campeón—para  iniciar el torneo venidero que lo colocaría al borde del descenso, por lo que prefería “no echar dinero bueno al malo”.

El equipo, según el directivo, tenía adeuda por casi 20 millones de nuevos pesos.

–Pareciera que quieren deshacerse del cuerpo del delito, ¿o no?

Ante la pegunta se dibujó una risa nerviosa en el vicepresidente del Cruz Azul, Guillermo Álvarez Cuevas, quien respondió:

–Es un tema muy difícil de comentar porque no hay información.

Y reconoció que donde “aparentemente” sí lo hay es en Colombia.

El presidente y dueño de Toros-Neza, Juan Antonio Hernández, dijo que afortunadamente el futbol mexicano no “ha sido tocado” por el narcotráfico y prueba de ello es que han quebrado clubes. Se refirió a Querétaro que tenía adeudos por 15 millones de pesos.

“Si atisban una posibilidad de entrar –los narcotraficantes—lo hacen y se desarrollan”, añadió el directivo, propietario de Autofin, empresa dedicada a la venta de vehículos, y confió en la labor de la Secretaría de Hacienda para evitar este fenómeno.

No obstante, según investigaciones periodísticas, México es uno de los países donde existe el mayor lavado de dinero proveniente del narcotráfico.

El futbol es una de las actividades deportivas donde todavía se violan las leyes tributarias. Existen ingresos y egresos que no se dan a conocer oficialmente. Por ejemplo, cantidades extra que dan a los jugadores  por la compra de sus cartas. El argentino Antonio Mohamed, de Toros-Neza, quien estaba a préstamo, fue adquirido en un  millón de dólares y recibió aparte una cantidad considerable de la directiva.

“No somos políticas” para andar detrás de directivos y jugadores, dijo en agosto pasado la oficina de Comunicación Social de la SHCP (cuyo director de ingresos era Francisco Gil Díaz).

Hernández dijo confiar en  que en México no se den las condiciones para que el narcotráfico florezca, “como sucedió en Colombia”.

Walter Ormeño, veterano entrenador que ha dirigido equipos en México, Centro y Sudamérica, reconoció que no sólo el futbol colombiano, sino también el peruano fue invadido por el narcotráfico.

El entrenador peruano, naturalizado mexicano, agregó que “los clubes centroamericanos tienen una estructura –económica– muy pobre por eso no crecen futbolísticamente.

Manuel Negrete, presidente de la Asociación de Futbolistas Profesionales se  mostró evasivo al abordar este espinoso tema:

“Desconozco… no sé”, balbuceó.

Y expresó que “debe investigarse para tener algo escrito y poder opinar”.

Empero, reconoció que si supiera que existe, “tampoco lo diría porque es muy delicado”.

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