Opinión

Lucerito Marquez Franco

Cuenta una de tantas historias que hace muchos, muchos, muchos años, los misioneros españoles elaboraban la piñata forrando una olla con papeles de colores.  La piñata tradicional debe tener 7 picos que representan los 7 pecados capitales; el acto de romperla simboliza la destrucción del mal y el triunfo del bien; el tapar los ojos, representa que se está probando la fe de las personas y el palo representa el arma con la que vencerán la tentación de los pecados.

Bonita historia, pero aquí y ahora, en mi México lindo y querido, me han de disculpar, pero en estas fiestas decembrinas, concretamente en las posadas, sí quiero oro, sí quiero plata… y si puedo romper la piñata aún mejor. Sí, ambiciosa la mujer y mucho.

Sí quiero oro, si el oro representa un trabajo estable y salario justo; mejoras equitativas e igualitarias en nuestras condiciones económicas, sociales, políticas, ambientales y culturales que permitan a toda mexicana y mexicano satisfacer sus necesidades básicas para vivir, es decir,  tener la disponibilidad de alimentoagua potabletechosanidadeducación, saneamiento y acceso a la información.

Sí quiero plata, si la plata representa erradicar la violencia de género y la aplicación real de la ley; cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Inegi, indican que los últimos diez años (2007- 2016) fueron asesinadas 22 mil 482 mujeres en las 32 entidades del país por mutilación, asfixia, ahogamiento, ahorcamiento o bien degolladas, quemadas, apuñaladas o por impactos de bala.

Sí quiero oro, sí quiero plata, sí quiero romper la piñata y ¿terminar con el mal?, ¿exterminar los 7 pecados capitales?… NO, quiero romper la piñata con los ojos abiertos; extraer de sus entrañas, un modelo de educación acorde a los modos de producción de mi México lindo y querido, un sistema de rendición de cuentas transparente, un Estado de Derecho, donde se respeten y se hagan efectivos los Derechos Humanos; un sistema integral de salud pública que visibilice y atienda física, mental y emocionalmente a todas las personas.

Sí quiero oro, sí quiero plata, sí quiero romper la piñata… lo quiero todo porque ya fueron años de nada.

Sí quiero oro, sí quiero plata, sí quiero romper la piñata… y romperla no sólo en diciembre; dale, dale, dale, todos los días hasta que, en mi México lindo y querido, el acceso a una vida digna sea la tradición más festejada de las mexicanas y mexicanos; tradición que cuente nuestra historia…

Y tú… ¿qué quieres?