Assange, ¿héroe o villano?

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Por la Espiral

Claudia Luna Palencia

 

Ni el propio Julian Assange se imaginó si quiera que pasaría casi siete años encerrado en la sede diplomática de Ecuador, en Reino Unido, tras recibir la benevolencia del entonces presidente Rafael Correa para acogerlo en “territorio ecuatoriano”.
El hacker más famoso del mundo pretendía evadir las causas penales en su contra… ha sido un periplo que muy seguramente formará parte de un guion de Hollywood; contiene además esa picaresca canalla de un personaje como Assange que desata lo mismo odio que pasiones.
Para algunos se trata del cazador cazado: finalmente la policía británica le puso el guante encima tras esposarlo en la misma embajada ecuatoriana, el vigilante abrió la puerta por órdenes del actual mandatario Lenin Moreno.
El fundador de WikiLeaks salió en volandas, la policía londinense lo llevaba casi arrastras, las imágenes mostraron al australiano de 47 años bastante desmejorado con el pelo y la barba largas, totalmente encanecido, parecía que regresaba de un cautiverio en el Himalaya.
Fiel a su carácter rudo y antipático, Assange gritó que “eso no quedará así” y culpó de su detención al presidente estadounidense Donald Trump porque “él está detrás de esto junto con May”.
El activista de las redes sociales intentaba hacer tiempo asilado en la embajada pretendiendo que en Suecia terminarían sobreseídas dos denuncias interpuestas contra él en 2010: una por violación, acusado por Anna Ardin y otra más, por acoso interpuesta por Sofía Wilen.
Suecia tiene una orden de extradición contra él desde 2011, en la Interpol está en búsqueda y captura, su proceso legal no será sencillo ni corto dado que primero deberá cumplir un año de arresto en Londres dado que el programador se fugó de la policía británica tras tomarle declaración por orden de la justicia sueca.
Fue así como llegó a solicitar asilo a las puertas de la embajada ecuatoriana, el 19 de junio de 2012, antes había coqueteado con Venezuela, Rusia y con Cuba… fue el mandatario Correa el que simpatizó con la causa de Assange.
Así decidió darle cobijo muy a pesar de ser un potencial hacker con propensión a meter las narices en los asuntos de los demás… sobre todo asuntos delicados y confidenciales.
En su defensa ante los medios, el editor del sitio ha argumentado reiteradamente que las denuncias en Suecia provienen de hechos falsos y que la CIA está detrás intentando sembrar una especie de venganza jurídica contra él para que, de alguna forma, sea detenido por la justicia sueca y después extraditado a Estados Unidos.
Lo ha repetido insistentemente temeroso también de que le pase algo a su vida luego de la mayor filtración de documentos clasificados perpetrada a través de WikiLeaks el 28 de noviembre de 2010: un total de 3.5 millones de documentos, de Estados Unidos aparecieron en la red (además muchos fueron enviados a diversos medios de comunicación de todo el mundo) miles de archivos del Departamento de Defensa alusivos a las diversas guerras e invasiones que el Pentágono gestionó desde Vietnam hasta Irak.
Desde 2017, la Unión Americana tiene vigente una orden de extradición contra Assange por un grave delito a la seguridad informática por el que podría ser juzgado por “espionaje y alta traición”.
A COLACIÓN
No es fácil de valorar la acción de Assange, porque ha dividido las opiniones, unos creen que es un héroe de la libertad de expresión y otros lo consideran un delincuente digital… aunque a la fecha nadie ha demostrado que él intentase sobornar a los gobiernos involucrados intercambiando los archivos obtenidos a cambio de dinero.
Julian Paul Assange recibió la generosa protección del gobierno ecuatoriano a lo largo de seis años y diez meses; y también obtuvo la nacionalidad.
José Valencia, titular del Ministerio de Gobierno y Relaciones Exteriores, detalló en la Asamblea Nacional de su país que mantener y sostener al hacker entre las paredes de su sede diplomática londinense costó a Ecuador la cantidad de 6.5 millones de dólares.
El desglose exacto, de acuerdo con el canciller, da cuenta de un total de 5 millones 817 mil dólares destinados “a la seguridad de Assange” y 400 mil dólares en “gastos médicos, alimentación y lavado de ropa”. Y otros gastos extras de defensa legal. Y ni así respetó no espiar a sus anfitriones.
Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales