+Hizo tiempo de 1:59.40, en Viena

+Sin embargo, el keniano no es récord del mundo  

+Las condiciones en las que lo realizó y sus ayudas no permiten homologarlo de manera oficial

 

Ciudad de México, 12 de octubre (BALÓN CUADRADO).- Eliud Kipchoge ha inscrito con letras de oro su nombre en la historia del deporte mundial. Pero en términos oficiales lo logrado este 12 de octubre de 2019, en Viena, no tiene relevancia alguna. El keniano se convirtió en el primer ser humano en hacer 42 kilómetros 195 metros, distancia de un maratón, en menos de dos horas.

Pero la cantidad de ayudas recibidas lo convierten en una prueba demasiado ‘trampeada’ como para considerarse una marca homologable.

El 2:01.39 que hizo en Berlín sí se hizo según las normativas de la IAAF, por lo que Kipchoge es el maratoniano más rápido de la historia tanto de manera oficial como extraoficial.

El reto Ineos 1:59 Challenge, nombre oficial de la competencia de Viena, es una muy organizada campaña publicitaria de Nike, que ya falló en el circuito de Monza y que tiene una serie de características que hacen inviable compararlo con la marca del propio Kipchoge de 2018, o la última de Bekele.

Los condicionantes que han hecho imposible de homologar la marca de Kipchoge, son:

1.- No lo organiza ni controla la IAAF. El principal motivo por el que no puede considerarse oficial es que no está organizado por la Federación Internacional de Atletismo.

Eso hace imposible de controlar la legalidad del recorrido, ni sobre las condiciones de viento, estado del asfalto, etc.

2.- Sin controles antidoping. Al ser una prueba no oficial, las reglas antidopaje que rigen las pruebas atléticas no entran en vigor.

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Los atletas, tanto “liebres” como el propio Kipchoge, no tuvieron que someterse a un test antidoping específico, como sí tendría que suceder en un maratón IAAF.

3.- Con liebres y sin 3 competidores. Para considerarla una carrera debe haber, al menos, tres competidores luchando por la victoria, algo que sí existió en el intento en Monza.

En esta prueba no sólo no había más que uno, Kipchoge, sino que además había atletas que ejercían de “liebres” para tirar del keniano.

Estos entraban y salían en función de las necesidades del plusmarquista mundial, sin ningún tipo de control.

4.- Un coche marcaba el ritmo. Además de “liebres”, un coche de la organización iba no sólo retransmitiendo la carrera frente a los corredores, sino que les marcaba el ritmo, incluso con una línea proyectada sobre el suelo para que los atletas la siguieran.

5.- Escobas barriendo el asfalto. El nivel de control sobre la prueba fue tal que hasta había que evitar que el polvo o suciedad propia del asfalto de cualquier ciudad, como es el caso de Viena, afectara a la prueba.

(Con información del portal 20minutosa.es)