+Funeral del ex clavadista Carlos Girón Gutiérrez

+Falleció a los 65 años a consecuencia de complicaciones respiratorias

+Es un ejemplo para todo México, asegura Jorge Rueda, entrenador

+Nos demostró que podíamos ser los mejores del mundo, reconoce Fernando Platas, subcampeón en Sidney 2000

 +Anécdota cómo le ‘robaron’ en oro en Moscú 1980

 

 

Ciudad de México, 15 de enero (BALÓN CUADRADO).- El funeral del clavadista Carlos Girón fue acompañado por deportistas de todas las generaciones, amigos, dirigentes deportivos, familiares  –como principales deudos, su esposa Silviana, sus hijos Silviana y Carlo–, y el legendario entrenador Jorge Rueda, quien dedicó el último adiós, transido de dolor, al que consideró su “hijo mayor”. Fue despedido con  minuto de aplausos y vítores, “¡Girón, Girón…!”, que cimbraron las paredes de la sala del velatorio.

“Carlos Girón es un ejemplo para todo el deporte de México, clavadistas, principalmente” resumió rueda.

Explicó que hizo mucha escuela. Siempre se acercaba a los entrenamientos.

“Era muy alegre… Lo tuve desde los nueve años hasta los 33, y yo creo que si no me llega él (como pupilo), por un milagro de Dios, no sé qué hubiera sido de mi como entrenador”, reflexionó Rueda.

Estaba  ante el féretro del que siempre fue resaltado como el subcampeón olímpico que hubiera ganado la medalla de oro en Moscú 80, de no ser porque los jueces concedieron la repetición del último clavado al representante soviético Alexander Portnov.

Muchos años después, Carlos Armando Girón Gutiérrez ingresaría al Salón de la Fama de la Federación Internacional de Natación con un reconocimiento de Fair Play (juego limpio).

Rueda evocó una de sus anécdotas más valiosas, cuando en 1976 ambos emprendieron su primera gran gira internacional a Suecia, donde Carlos se enfrentó en una competencia directa, uno a uno, con el italiano Klaus Dibiasi, y tras la burla generalizada en el entorno hacia quien retaría al campeón del mundo, el mexicano lo eliminó.

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(Medalla olímpica de plata que sabía a oro)

“Fue ahí cuando Carlos sorprendió. Ahí fue donde todo el mundo conoció quién era Carlos Girón; hasta yo. La verdad es que desde entonces me formé junto con él, en el deporte yo lo formé, pero lo más bonito y la mejor medalla que logró, fue esta hermosa familia”, compartió emocionado Jorge Rueda, precursor de la exitosa escuela moderna de clavados mexicanos.

La muerte de Girón sorprendió a la comunidad deportiva. El medallista olímpico de 65 años de edad fue hospitalizado el 20 de diciembre por una neumonía, que incluso superó, pero su salud empeoró por un aneurisma que lo aquejaba desde meses atrás.

La noche del lunes acudieron a la agencia funeraria decenas de deportistas de varias generaciones. Ex clavadistas como María José Alcalá, Fernando Platas y Jashia Luna, miembros de la familia olímpica y ex compañeros, como Felipe Tibio Muñoz’, el ex marchista Ernesto Canto, los ex boxeadores Antonio Roldán y Juan Paredes.

Carlos Girón, originario de Mexicali, baja California, y quien se desarrolló también como protesista en la odontología, fue recordado  por amigos y pacientes, y al último adiós también acudieron ex colegas, entre ellos Luis Niño de Rivera, otro legendario.

Desde Miami viajó Pedro Becerra, quien llegó a la fosa de la clínica 23 del IMSS impulsado por Girón y tras no destacar en México, migró con la intención de vivir del espectáculo de los saltos de altura. Admirador siempre de quien fuera su amigo, lo despidió con un sirio al que abrazó con unos aros olímpicos, entre los cientos de flores y coronas que acompañaron los restos de la gloria del deporte, previo a su cremación.

Aplausos y vítores de “¡Girón, Girón! Que resonarán en la memoria del tiempo.

Para Fernando Platas, subcampeón olímpico en Sidney 2000, es necesario revalorar el lugar de Girón en la historia del deporte. El recuerdo de su importancia en la élite de la disciplina regresa con derecho propio.

“En un país con pocas medallas –69 en la historia del olimpismo– no puede perderse la dimensión de un atleta que alcanzó los máximos niveles de una disciplina”, explica Platas, fue el mejor del mundo en una época y aún hoy es recordado con respeto por nuevas generaciones de clavadistas de todo el orbe.

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(Durante su campaña de proselitismo político para aspirar a una de las 16 alcaldías de la ciudad de México)

Platas recuerda que el paso del tiempo termina por postergar al olvido a las glorias deportivas. Lucen durante una época, pero llegan nuevas generaciones que roban la atención y terminan por desplazar a quienes les preceden.

“Es un proceso natural en el deporte e incluso llegué a hablar del tema con Carlos Girón”, evoca Platas, “pero estos momentos también sirven para recordar que hay referentes que no pueden borrarse”.

Durante la noche del lunes y la tarde del martes, el funeral de Girón convocó a personalidades del deporte, directivos, ex medallistas olímpicos, todos reunidos para rendir homenaje a una leyenda.

“En mis años de competidor, y mucho después, me encontré con grandes clavadistas que al mencionar a Girón hacían un gesto de respeto o se emocionaban, porque su historia fue determinante en los clavados”, agrega Platas.

Si la experiencia de Girón fue desastrosa en Montreal 1976, el trayecto rumbo a Moscú 1980 fue un camino repleto de hazañas para el mexicano. Venció a los más importantes representantes de la disciplina y se convirtió en el mejor clavadista de la época, reconocido por todos y temido por sus rivales.

(Fernando Platas y Carlos Girón, medallistas olímpicos)

“Girón merece ser revalorado”, afirma Platas, “ponerlo en la dimensión que tuvo y por la que es recordado, fue el mejor del mundo, provocó no sólo un cambio en la técnica de la escuela mexicana de clavados, sino también en la mentalidad: nos demostró que podíamos ser lo mejores del mundo y ser temidos por otras naciones”.

Si el oro olímpico en Moscú lo perdió por un atropello en favor del ruso Portnov –el competidor local, en Moscú 1980– orquestado por los delegados soviéticos y la autoridad pusilánime en la prueba, Platas recuerda que el pueblo mexicano siempre lo consideró el verdadero campeón.

“Fue mi inspiración y mi compañero deportivo”, dice nostálgico, “en algunos viajes, me tocó ver cómo lo detenía la gente para decirle que él había ganado el oro, que si no lo tenía era porque se lo habían robado los soviéticos. Eso, en el fondo, siempre lo tuvo tranquilo”.

(Con información del diario La Jornada)