Línea Fifí

Martín de J. Takagui

 

Inédita la fiesta 210 años después de la gesta heroica del padre Miguel Hidalgo, la plaza lució vacía; ahí, en el balcón presidencial, solamente dos personas, el presidente Andrés López Obrador y su señora esposa, Beatriz Gutiérrez, quienes disfrutaron para ellos mismos, la majestuosidad de la Plaza de la Constitución, el coheterío, las luces, la música y el tañer de la campana de Dolores.

La pandemia, la cuarentena, el distanciamiento social, la sana distancia, la prevención sanitaria vinieron a cambiar otro de los grandes e importantes episodios de la forma de vida de los mexicanos, escena que se replicó en todas las plazas públicas municipales y estatales.

Se trata de un escenario y un ambiente inédito, en donde lo que llamó Vicente Fox como la “Pareja Presidencial” se convirtió en el centro de la atención, en lo único que podía verse, aunque los vivas, los reconocimientos y los homenajes incorporaron la imagen y el recuerdo de los héroes contemporáneos, de los héroes de hoy: el personal médico que ha salvado vidas, que ha puesto su vida a disposición de México, de la salud de los mexicanos.

En 210 años, nunca una conmemoración de la Independencia de México lució sin gente, sin silbatos, sin cohetes en las calles, sin cornetas tricolores, sin banderitas en las manos, la única bandera que se ondeó fue la del Balcón Presidencial y las réplicas en los palacios de gobierno.

Para el desfile militar, también fue limitada la exhibición de la fuerza del Estado Mexicano, en él sobresalieron también las fuerzas médicas, integradas a todas las instituciones de Salud, civiles y militares, quienes desfilaron a bordo de carros alegóricos y a quienes se les reconoció su heroísmo.

Gran reconocimiento también hubo para 58 mexicanos del sistema nacional de salud, una presea estofada en oro y plata, la presea Miguel Hidalgo, padre de la Independencia Nacional, elaborada por artesanos de Taxco, Guerrero, e impuesta por el Presidente de la República, para esos trabajadores de la salud que entregaron su dedicación y esfuerzo para conservar la salud de los mexicanos.

Aunque el propio gobierno habla de que debe mantenerse la guardia, de que la pandemia y los contagios siguen en el ambiente, el discurso del gobierno ha dado por terminada la emergencia, pues ya habla de la pandemia en pasado, cuando debiera hablarse en presente.

Las emociones que el pueblo de México expresa tradicionalmente con gritos, algarabía, con maquillaje en el rostro, con pestañas, cabelleras y ropa tricolor fue apagada por la pandemia y por la cuarentena, por el aislamiento.

Solamente un rostro emocionado se observó en la conmemoración del 210 aniversario de la gesta de independencia y fue el de la primera dama, la señora Beatriz Gutiérrez, quien mostraba su impaciencia y su ansiedad por ver al personal de los Fusileros Paracaidistas, quienes abrieron la exhibición de las fuerzas armadas.

Sin duda, ver a los hombres desafiar la gravedad, como ver las aeronaves surcando los aires de la capital fueron momentos de emoción, pues todos los habitantes del Valle de México pudieron ver helicópteros y aviones, demostrando habilidades, para quienes nos quedamos en casa y vimos la ceremonia por la TV y los aviones sobre nuestros hogares.

La ceremonia ausente también fue la que cada año se realizaba al pie de la columna de la independencia, en el Paseo de la Reforma, que hasta hace pocos días se encontraba cercado, protegido con ballas metálicas, en contra de los vándalos, de los anarquistas y de quienes se han dedicado a protestar destruyendo el patrimonio cultural de los mexicanos.

Festejo inusual, festejo inédito, para una situación inédita, los mexicanos no podemos sentirnos felices, como lo ha deseado el presidente López Obrador, hoy a pesar de la fiesta nacional, México se encuentra de luto, vive su tristeza y ve frustrada su fiesta nacional.

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