Línea Fifí

Martín de J. Takagui

A lo largo de su administración el presidente Andrés López Obrador ha enfrentado una serie de embates, situaciones difíciles, pandemia, situaciones de violencia, presiones de que renuncie, la confrontación con periodistas, con empresarios, dimisiones de miembros de su gabinete, por diferentes motivos que se ventilaron públicamente, pero la popularidad del jefe del Ejecutivo se mantiene, por mucho, en los niveles más altos.

Es evidente que la base social que construyó López Obrador a lo largo de tres sexenios tiene la mayor firmeza, misma que ha sabido mantener hablando de los temas que sus 30 millones de electores y otros simpatizantes han anhelado que un gobernante lo diga.

El discurso de la corrupción, como lo hemos dicho en este espacio desde hace varios meses, es una de las armas ideológicas más eficaces, con el enfoque esperado por la mayoría de los mexicanos, al grado que ni siquiera la exhibición de los videos en los que un funcionario muy cercano a él y su hermano Pío López Obrador hacían entregas millonarias de dinero para financiar a Morena, el partido creado por el mismo presidente y que lo llevó al poder.

En su gabinete no se ha visto la desestabilidad que podría causar la renuncia de, al menos tres secretarios, como el director del IMSS, quienes en sus respectivas cartas y declaraciones de despedida señalaron que no había orden, que había imposiciones y que no había condiciones para trabajar, son los casos de los titulares de Hacienda, de Comunicaciones y Transportes y de Medio Ambiente, quienes exhibieron un gabinete inoperante.

Esta misma semana salió a la luz pública la renuncia de Jaime Cárdenas, quien se fue, igual que los anteriores hizo pública su carta, misma que evidencia el colmo de una institución llamada Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado.

Resulta que la institución que debía devolver al pueblo lo robado, se robó lo que debía haber devuelto al pueblo, robos millonarios, mutilación de joyas, a las que les quitaron y les cambiaron por piedras de plástico los diamantes y entre otras irregularidades que se favoreció a diversos compradores o participantes en las famosas subastas que han realizado en Los Pinos.

Se trata de asuntos de la mayor gravedad, asuntos que podrían haber generado verdaderos escándalos, si se hubieran conocido en regímenes anteriores, pero no han causado mella alguna en la imagen y aprobación del presidente López Obrador.

Otros de los temas que podrían causar una baja en la imagen del Ejecutivo y no hubo consecuencia alguna, es el asunto de los quemados en una toma clandestina en el mes de enero de 2019, en Tlahuelilpan, Hidalgo, en donde murieron más de 140 personas que pudo haber sido consecuencia de una negligencia de la autoridad correspondiente.

Así podríamos describir muchos otros temas, que serían motivo de linchamiento para cualquier otro gobernante, como fue el compromiso que hizo al principio de su administración de que en un año reduciría el número de homicidios dolosos y hoy el promedio de muertos por el crimen organizado es de 99 personas asesinadas cada día en el país, según las cifras dadas a conocer por el INEGI.

El chupamirto de la buena suerte que protege al presidente lo mantiene a salvo de las críticas, su blindaje político se mantiene firme frente a los embates, de las situaciones del país, como es la muerte de más de 70 mil personas en los últimos seis meses, con motivo de la pandemia por el Covid-19, registrando la mayor letalidad en el mundo que es de 12 muertos por cada cien contagiados.

Otros 62 mil homicidios dolosos a manos del crimen organizado se han registrado a lo largo de la actual administración, sin que se hayan podido reducir los niveles de violencia, como lo prometió desde su campaña proselitista.

A pesar de todo ello, y muchas otras situaciones adversas para los mexicanos, es muy probable que el partido en el poder, Morena, logre en las elecciones intermedias de 2021, resultados electorales semejantes a los que se registraron en los comicios federales de 2018.