+Efectos de la crisis por la pandemia 

+Los atletas del pancracio viven una crisis que no parece tener fin

+La mayoría no tiene salario fijo ni Seguro Social

+México uno de los cinco países más letales por el flagelo mundial

 

Ciudad de México, 19 de enero (BALÓN CUADRADO).– Ya no hay la catarsis colectiva que caracteriza a la lucha libre. La de mayor popularidad después del futbol y el box en México. La pandemia arrastró al espectáculo de los gladiadores que encienden la pasión de un público que vocifera y se amotina contra los villanos y da aliento a sus héroes sobre el cuadrilátero. Que, en su mayoría, paradójicamente, no tiene salario fijo ni Seguro Social.

Sin funciones y con la industria de los costalazos paralizada, los atletas del pancracio viven una crisis que no parece tener fin. México ya cruzó el dintel de los 141 mil decesos por coronavirus, que lo hacen uno de los cinco más letales del mundo.

En junio pasado, de acuerdo a información por parte de la Comisión de Lucha Libre de la Ciudad de México que recogió el diario El Universal, fallecieron entre mayo y junio un total de 30 luchadores, el 90 por ciento de ellos por complicaciones derivadas del coronavirus.

El Bandido, un joven de 25 años con una estupenda condición física, no sólo enfrentó los golpes de la inactividad laboral, sino también tuvo que sobreponerse al Covid que lo atacó de forma agresiva en septiembre.

Una noche, incluso, el gladiador se despidió porque sintió que podía morir en unas horas

“Era tanto el sufrimiento que deseé que todo terminara de una vez”, recuerda todavía con angustia.

“Me dijeron que estuve en mucho riesgo, con una oxigenación muy baja y la mente volaba pensando lo peor”, recuerda.

El gladiador superó lo peor, sin embargo, los estragos físicos que quedaron fueron muy severos. Le quedó el agotamiento crónico y una incapacidad para respirar que lo dejaba sin aliento al intentar cualquier actividad. Después de meses de rehabilitación, El Bandido apenas pudo recuperar la capacidad para reanudar un poco su vida normal.

“En diciembre me revisaron los pulmones y ya no hacen sonidos”, comenta.

“Ya reanudé mis entrenamientos para seguir adelante y continuar con mi profesión”, dice al reportero del diario La Jornada.

La alternativa de varios luchadores, mientras tanto, es participar en funciones controladas en Estados Unidos. El mercado para el estilo mexicano es generoso y muchos lo intentan en este momento que prácticamente no hay actividad en México.

Muchos luchadores encontraron un respiro a esta parálisis con la venta de productos relacionados con la lucha libre, máscaras, cubrebocas, camisetas y figuras tienen buena demanda en redes sociales, donde promueven sus mercancías.

“Estamos buscando opciones con promotores que quieran hacer funciones a puerta cerrada”, comenta Bandido.

“Pero tenemos que sobrevivir y ahora la venta de productos es una salida. Y desde luego buscar actividad en Estados Unidos, donde gusta mucho la lucha mexicana”, explica.

El Cachorro Lagunero también encontró una alternativa en la venta de mercancía alusiva a su personaje a través de redes sociales. A pesar de pertenecer a una dinastía –es hijo del veterano Blue Panther y hermano de Black Panther y Blue Panther Jr.–, como todo su gremio sufre los efectos de la falta de trabajo.

Sabía que se organizaron algunas funciones clandestinas. Es evidente que estos eventos no cumplían con los protocolos para reducir riesgo ante la pandemia y representaban focos de contagio. El Cachorro eligió no correr el peligro.

“Es un dilema moral entre trabajar y ser responsable ante la pandemia”, comenta el luchador.

“Si soy sincero, no sé qué va a pasar con nuestras carreras como luchadores, porque no le vemos el fin a esto. Pensamos que sería cosa de un par de meses y ya casi ha pasado un año”, explica lacónico.

La zozobra se percibe a pesar de las palabras tranquilas de El Cachorro, un luchador que cuando recuerda su infancia afirma que nunca soñó ser médico o bombero cuando se convirtiera en adulto. En su cabeza siempre quiso parecerse a su papá y dedicarse al oficio de la familia.

Resume:

“Mucha gente está deprimida, algunos porque han perdido a sus seres queridos o se han enfermado, o se han quedado sin trabajo. Yo más que angustia siento me afectó que estaba a nada de conseguir estar donde quería en la lucha libre. Y eso es lo único que he querido toda mi vida.”

(Con información del diario La Jornada)