17 septiembre, 2021

Cómo salvó 18 vidas nadadora olímpica siria

Yusra Mardini trains with the Wasserfreunde Spandau 04 swimming club in Berlin on March

 

 

+Hazaña de  Yusra Mardini, abanderada de la Delegación de Refugiados, tuvo que huir de su país

+Iban a morir ahogadas el mar Egeo, luego de que comenzó a hundirse su lancha

+Ella y su hermana, Sarah, llegaron con síntomas de hipotermia y exhaustas

+Forma parte de la representación de desplazados que compite en Tokio

+Integrada por 29 deportistas que representan a 82 millones de personas en el mundo

 

Ciudad de México, 27 de julio (BALÓN CUADRADO).–  “Soy refugiada y estoy orgullosa de defender la paz, la decencia y la dignidad de todos los que huyen de la violencia.”

Así se presenta Yusra Mardini, 23 años de edad. Debutó en los Juegos Olímpicos en Río 2016. Cinco años después, su bandera no es la de su país ni su himno. Símbolos rotos por la guerra. Se hicieron añicos sus sueños. Pero construyó otros. Quizá más halagüeños.

Este año vuelve a las Olimpiadas de Tokio. Compite bajo el nombre del Equipo Olímpico de Refugiados, integrado por 29 atletas que representan a 82 millones de desplazados en el mundo.

Y la natación, su pasión desde los cuatro años, ha salvado a 18 personas de morir ahogadas en el Egeo.

Yusra Mardini tuvo que huir de Siria a los 18 años junto a su hermana Sarah en un bote para siete personas, pero ocupada por 20. Escapaban debido a una guerra que ha dejado alrededor de 500 mil muertos, según versiones periodísticas.

Pero cuando sólo llevaba un cuarto hora el motor se paró en medio del mar insaciable.

El bote comenzó a hundirse en las aguas y Mardini saltó junto a su hermana, ambas nadadoras, y otro hombre, para empujar la barca durante tres horas y media hasta las costas de Lesbos.

Ambas llegaron con síntomas de hipotermia y exhaustas.

Sin embargo, el viaje de Yusra y Sarah no terminó ahí. Tuvieron que continuar su travesía por siete países diferentes hasta encontrar asilo en Alemania, donde residen actualmente.

La nadadora olímpica no solo quiere ganar la medalla como todos sus compañeros, sino que lucha por visibilizar a todos los desplazados, más de 80 millones de personas según ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados).

En 2017 escribió una carta donde desplegaba ante los ojos del resto del mundo no solo su viaje, también lo que supone ser una refugiada.

Mardini explicaba, descarnada:

“Es lo que todos nosotros somos, esa población que crece sin un país. Ésta es mi llamada para que todos estemos ahora, juntos, bajo el nombre que compartimos: refugiado. Soy Yusra. Soy refugiada y estoy orgullosa de defender la paz, la decencia y la dignidad de todos los que huyen de la violencia.”

Su historia con la natación comienza desde muy pequeña, aprendió a nadar antes que a andar ha comentado en alguna ocasión. Su padre era entrenador de natación y fue quien enseñó e inculcó su pasión por el agua tanto a Mardini como a su hermana.

Pero su vida se truncó cuando en 2011 estalló la guerra de Siria y el país vivía en estado de bombardeo constante.

En 2012 consiguió representar a su país en el Campeonato Mundial de Piscina Corta. Hasta que un día tanto la piscina en la que entrenaba como su propio hogar fueron destruidos por las bombas.

Heroína del mar

En 2015 decidió huir junto a su hermana de esa barbarie, y montó en una lancha, con capacidad inicial para 6 personas, junto a nada más y nada menos que 18, con la intención de atravesar el Líbano hasta llegar a la costa de Turquía.

Sin embargo, a la media hora el motor de la lancha se averió y dejó de funcionar, dejándoles a la deriva.

Había gente que no sabía nadar.

“No iba a quedarme sentada y a quejarme de que me iba a ahogar. Si me iba a ahogar, al menos lo haría habiéndome sentido orgullosa de mí y de mi hermana”, ha contado la nadadora, quien se lanzó al mar Egeo junto a su hermana y con una mano atada a la embarcación decidieron remar durante tres horas hasta llegar a tierra firme.

Acto valiente como arriesgado, y aunque con una hipotermia incipiente, consiguieron llegar y salvar la vida de esas 18 personas.

Su vida cambió

Yusra y su hermana Sarah llegaron a Grecia y desde ahí continuaron su viaje hasta Alemania, donde fueron rescatadas en un campo de refugiados.

Junto a la ayuda de un intérprete egipcio consiguió superar las pruebas para entrar a nadar a un club de natación de la ciudad de Berlín, y al poco tiempo fue cuando recibió la llamada que cambiaría su vida, esta vez para bien.

Mardini había sido una de las elegidas para competir en los Juegos de Río de Janeiro de 2016 con el Equipo Olímpico de Atletas Refugiados, con el que se pretendía dar visibilidad a casos como el de la joven y que estaba formado por aquel entonces de sólo cuatro atletas.

Hoy son 29 integrantes.

La joven compite por la Delegación de Refugiados en la categoría de 100 metros mariposa y se ha convertido en todo un ejemplo de superación y de valores.

(Con información del portal publico.es)