17 junio, 2021

Desafío a la muerte, en medio de covid 19, regreso de aficionados al Azteca

+Sin sana distancia, pero sí con el grito homofóbico y más de 220 mil decesos en México

+Bajo respeto a los protocolos sanitarios, así volvió el público a las gradas

+Mismos vicios y una economía traumada, 14 meses después

+La reapertura reactivó a los comerciantes externos

 +Perdieron hasta el 80% de ingresos en el último año

+Algunos murieron a consecuencia de la pandemia

+Y otros, por el estrés de falta de dinero, vieron afectada su salud mental

Ciudad de México, 18 Mayo (CDMX MAGACÍN/JESÚS YAÑEZ).- Como era de esperarse: se confirmó que la pandemia no hace mejores seres humanos. Fue un desafío a la muerte. Escena 14 meses después del último juego: en la explanada del estadio Azteca, Carlitos corre entre las filas interminables de aficionados. Trae una chamarra del equipo Cruz Azul que le queda grande para su estatura. Mide menos de un metro de estatura. Sucede previo al partido contra Toluca de cuartos de finales de la Liga Mx.

De pronto su mamá lo llama –con estentóreo grito amoroso– porque ya es hora de entrar a las tribunas, pese a que menor de edad tiene prohibido el acceso. Pero ingresará. Porque son laxas las medidas sanitarias.

Carlitos, sonriente, regresa hacia ella entre personas que brindan con cervezas y cantan abrazados.

“Así se vivió el regreso del público al coloso de Santa Úrsula después de año y dos meses. Bastó un fin de semana de liguilla para que la pandemia pasara a segundo término y la afición se olvidara de la sana distancia y cubrebocas”, narró el diario El Economista.

Cálculos de analistas –críticos del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador–, establecen que, por los yerros de su administración en el combate a la pandemia, hasta principios del año entrante se erradicará casi en su totalidad este flagelo.

Y que ha dejado una larga estela de muertos en México: ya superó los 220 mil, que lo hacen uno de los tres más letales del mundo.

En el duelo Cruz Azul contra Toluca, el sábado pasado, una brigada de alrededor de 15 personas tomaba la temperatura y permitía el acceso por la explanada de Tlalpan, al sur de la ciudad de México. Si bien la mayoría ingresaba con el cubrebocas puesto, dicho periódico pudo observar a más de una decena de personas entrar sin él sin en un lapso de 10 minutos e incluso ante la revisión de los que tenían el termómetro digital.

De igual forma permitieron el acceso de niños, aunque de acuerdo a los reglamentos de la Liga MX, los menores de 12 años tienen prohibido pasar.

En las filas para entrar, los aficionados brindaban con cervezas sin guardar distancia. Otros prefirieron convivir desde horas antes del partido en los bares de alrededor, también sin distancia y sin cubrebocas.

La explanada del estadio se volvió un punto de reunión para miles de personas durante más de una hora.

El Cruz Azul-Toluca es el partido con más aficionados en Liga MX en pandemia con una afluencia total de 17,929 personas, respetando menos del 25% máximo de aforo –unos 22 mil aficionados– que permitió la Secretaría de Salud de la Ciudad de México para el estadio Azteca, llamada “Catedral” del balompié nacional.

Dentro del inmueble, la situación no varió. La mayoría de aficionados se concentró en la parte baja, sobre todo detrás de las porterías.

Aunque los protocolos de la Liga MX han indicado que solo se pueden vender un máximo de cuatro boletos por persona para evitar grandes multitudes juntas, hubo al menos cuatro zonas con alrededor de 300 personas sentadas sin sana distancia, incluyendo a la porra del Toluca en la parte alta del estadio.

En el regreso del público al Azteca también se hizo presente el grito homofóbico que ya ha causado sanciones para otros estadios de la liga y de la propia selección mexicana.

El primer grito – “¡Eeeeh, puto!”–  apareció apenas a los siete minutos y le siguieron otros dos al 15’ y al 30’.

“Por favor, evitemos el grito homofóbico”, pidió la voz institucional del recinto dos veces durante el primer tiempo.

La afición local explotó desde el minuto 10 con el gol del delantero Bryan Angulo, provocando la euforia de decenas de aficionados que ya no traían el cubrebocas. Esta imagen se ha visto también en escenarios como el TSM, casa de Santos Laguna, o el Cuauhtémoc, sede del Puebla FC.

En esta ocasión la violencia se quedó solo en la cancha, ya que al medio tiempo jugadores de Toluca y Cruz Azul se enfrascaron en una breve discusión que no pasó a mayores.

Pero eso no se reflejó en las gradas, donde la gente no manifestó conatos de pelea como ha pasado en Mazatlán, Guadalajara y Puebla.

Sin embargo, según el diario La Jornada, “hubo un conato de bronca en las tribunas” en el Azteca.

Por lo pronto, la Comisión Disciplinaria de la Federación Mexicana de Futbol informó ayer las sanciones a Puebla y Pachuca por incumplimientos en el reglamento en los cuartos de final de la Liga Mx.

Tuzos, que eliminó al América, tendrá una sanción económica y un aviso de veto al estadio Hidalgo por la invasión al terreno de juego de siete personas al final del partido.

La Franja, por su parte, será multada por recibir personas no acreditadas en la cancha y por detonaciones de pirotecnia en zonas no autorizadas en el partido con Atlas, así como por el conato de bronca en el estacionamiento.

El desalojo en el estadio Azteca sí se realizó en orden: en menos de media hora, ya no había aficionados dentro del inmueble. Los casi 18,000 asistentes salieron por orden de ubicación, de la zona 1 a la 3 y luego la zona de palcos.

Además, no había un solo puesto de venta de souvenirs al salir del partido y eso permitió que la explanada estuviera limpia.

Cruz Azul venció al Toluca (4-3 global) y aseguró un partido más en casa durante esta temporada, el próximo fin de semana en las semifinales del Guardianes 2021.

Según El Economista, la taquilla le generó un ingreso de alrededor de tres millones de pesos al club en este partido ante los Diablos Rojos, cantidad que podría triplicarse si La Máquina avanza a la final.

Lucha por sobrevivir

Vendedores de playeras, de comida y hasta de plásticos impermeables volvieron a recibir ingresos en el estadio Azteca después de más de un año. Lapso en el que su economía se vio golpeada hasta en un 80%.

“Si antes de la pandemia ganaba 100 pesos vendiendo playeras, con el negocio cerrado nada más gané 20”, describió uno de ellos, según El Economista. Explicó fueron los primeros en ser desalojados de su sitio de trabajo cuando empezó la pandemia y los últimos en regresar.

Los vendedores de playeras pagaron una tarifa de 200 pesos por vender en el partido entre Cruz Azul y Toluca. El negocio no va bien en el primer fin de semana con futbol después de un año:

“Son 200 de cuota, 250 de mi taxi y más la ‘papa’ –alimentos–, y apenas he vendido dos playeras a 150 cada una. No ha sido como esperábamos, las ventas están muy flojas”, detalló un comerciante.

A media hora de que comenzara el encuentro, esa era la sensación de los vendedores ambulantes.

Otro describe que antes de la pandemia, en un día bueno, llegaban a vender hasta 3,000 o 4,000 pesos; ahora, con el ritmo que llevaban, se daban por bien servidos ingresando entre 500 y 1,000.

El comercio a las afueras del Azteca empezaba con 10 pesos por un plástico impermeable para cubrirse de la lluvia, que dentro del inmueble se cotiza hasta en 70 pesos. La reventa también estaba intensa a minutos de empezar el partido, con boletos entre 700 y 1,000 pesos.

Los comerciantes explican que ninguna institución gubernamental les ofreció alternativas para generar ingresos durante los 14 meses que no hubo público en el coloso de Santa Úrsula y que algunos que solo viven de eso llegaron a padecer no solo inestabilidad financiera, sino de salud.

Narraron que varios compañeros fallecieron por el virus. Pero hubo muchos otros que se “enfermaron por el estrés” de no tener ingresos. Hay muchos que solo viven de esto y se quedaron sin respuestas.

Al final del partido, reconocieron que el resultado ganador de Cruz Azul les benefició para duplicar sus ventas del día, pues antes el entusiasmo no generaba compras:

“Ni parece que hubiera regresado la gente. Esto –la venta– está muy bajo”, dijo otra vendedora minutos antes del juego.